Desde muy pequeño recuerdo los pequeños regaños de mi madre. Si esos que eran proporcionales a mi falta de sensatez, a la déficit de modestia y a los falsos halagos que solía hacer a las personas (que por cierto me divierte mucho hacerlo) . A pesar de la intensidad de las palabras o la duración de los castigos nunca, nunca logró [mi madre] el arrepentimiento en mi. Cumplía mi sentencias murmurando, de hecho sigo cumpliendo mis obligaciones de esa manera.
Pero claro como buen hijo, no me dejo castigar o recibir sus regaños sin antes dar batalla antes. He recurrido hasta el hecho que castiguen a mi hermano por mi (si me sentí pésimo cuando lo hice). El problema no es dar pretextos de mis irracionales acciones, el problema es responder a base de sarcasmo o mentiras, cuando se da cuenta (que siempre suele ser rápido) estoy muerto, más que muerto, sería algo así como el purgatorio.
No me termino de preguntarme por que aún que sé que va fallar mi pretexto lo sigo intentando.
Antes de que termine por desviarse completamente del tema. Si, suelo hacer chistes de humor muy negro y en la mayoría de las ocasiones de mal gusto. No les pudiera explicar la tremenda cara de disgusto que hace mi madre, es algo así como "Te voy a matar, pero antes te cortaré la lengua".
Recuerdo una ocasión en la que no fui para nada prudente, resulta era una especie reunión familiar, estaban todos mis tíos maternos excepto uno (Daniel), en lo que se me ocurre preguntar por el, me dicen que esta con su "girlfriend". Sinceramente no me la creía, el no pareciera tener tiempo para novia, el vivía la vida que yo, es decir escuela y videojuegos.
¿Genial hasta allí no?
Resulta que la bondadosa de mi abuela había invitado a una de las pretendientes de Daniel, llega la muchacha (que por cierto estaba era completamente incómoda de ver), y como es de esperar pregunta por mi tío, en lo que yo contesto "Esta con su novia, fea". Salió corriendo para ocultar su llanto, solo mire a mi madre acuchillado con su mirada.
Después de eso pase semanas sin salir al patio. ¡No me juzguen! Solo tenía ocho años.
¿Y les digo algo? No me arrepiento, si estaba fea.