miércoles, 8 de abril de 2015

No me gustan los niños.

No creo ser el único que se siente completamente identificado con la expresión ¨No me gustan los niños¨. Referente al estrés o ansiedad causada por los insoportables niños, bueno la verdad es que solo los que causan problemas son los que entran en esta descripción, si esos que corren y gritan por la casa, no importa si es ajena. Siempre me ha gustado la tranquilidad. Incluso desde muy pequeño, he escuchado a mi madre relatarle a sus amigas (si esas que llevan sus insoportables niños a mi silenciosa casa)  que siempre, siempre he sido muy tranquilo, al grado tal de llegar a gritarle a una tía berrinchuda y mal educada para que se callará (ella era una chiquilla de 6 años y yo un niño de 2 años).


Volviendo al tema, el silencio para muchos  puede significar paz y tranquilidad, en parte pienso que son tonterías, en un sentido mucho más  literal y personal significa que no tendré ni migrañas ni la necesidad de envolver mi cabeza en una almohada con la esperanza de estar más tranquilo. Pero el problema no es el ruido, de hecho tolero mucho el ruido y estoy acostumbrado a él  porque vivo en una ciudad un poco caótica, el disgusto SON LOS NIÑOS REVOLTOSOS corren por la casa, tocan todo con sus manos pegajosas y llenas de gérmenes, preguntan demasiado y son un peligro para ellos mismos. Y antes de continuar quiero aclarar que yo nunca entre en la descripción.


Por mi corta experiencia puedo decir y sin miedo alguno a equivocarme, los causantes son los padres, y nadie más que ellos ¡Absolutamente nadie más! Ya sea porque no tienen determinación  a la hora de educar lo que ellos mismos crearon en un auge de alcohol y rienda suelta,  en muy pocos casos con planeada anticipación.  Si fuera más imprudente (si,  más)  les diría que le colocarán una correa a sus crías.


Por momentos cualquier persona puede creer que se le agotará la paciencia frente a una situación similar,  por lo menos a mí no ha llegado a pasarme, pero si algo tengo soy esos gloriosos pensamientos internos,  donde al menos allí de vez en cuando se puede encontrar la anhelada paz.

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